
Esta de arriba soy yo durante un viaje a Japón allá por 2005. El tiempo vuela, pero hoy estoy aquí no para contaros ese viaje, sino para hablaros de la cámara que veis colgada del cuello.
La Canon EOS 450D fue mi primera cámara DSLR; de hecho, la compré exclusivamente para ese viaje. Llevaba toda mi vida soñando con visitar el país del Sol Naciente y quería hacer las mejores fotos posibles para tener un recuerdo a la altura de esa aventura.
Cabe decir que mis conocimientos de fotografía en ese momento eran mínimos, o, mejor dicho, los más básicos posibles. Ilusa (o inocente) de mí, creía que cuanto más cara era una cámara, mejores fotos hacía. Sí, claro… pero no contaba con que hay vida más allá del modo automático. En ese momento la fotografía no tenía la importancia que tiene hoy en mi vida, ni le prestaba la misma atención.
Creo que esta fue la primera vez que sentí esa emoción que recorre el cuerpo cuando tienes una cámara entre las manos. Y no fue hasta 2020, en plena pandemia, cuando ese fuego interno ardió de verdad para quedarse conmigo hasta hoy.
¡Gracias por leer The Golden Set! Suscríbete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.
Desde entonces, esa cámara y yo nos hicimos inseparables. Vino conmigo en viajes, paseos sin rumbo, y a mis primeros torneos de tenis donde se gestó una alianza que me ha llevado a querer que la fotografía deportiva sea algo más que un hobbie en mi vida.
Con ella cometí todos los errores posibles: fotos movidas, encuadres raros, horizontes torcidos, pies cortados y sombras imposibles. Pero, de cada fallo se aprende. Aprendí a tener paciencia, y a esperar ese segundo que, si parpadeas, se va.
Fue la que me enseñó a mirar. Me obligó a acercarme más, a levantar la vista al caminar, a perder la vergüenza y a preguntar si podía hacer una foto (aunque reconozco que aún me da algo de vergüenza). Me hizo más curiosa y, poco a poco, mejor fotógrafa.
Hoy ya no es la que me acompaña, pero sigue teniendo un lugar especial en mi estantería y en mi historia. Cada vez que la veo, me acuerdo de aquella chica en Japón en 2005, con más ilusión que técnica, creyendo que solo estaba estrenando cámara… y sin saber que, en realidad, estaba estrenando una parte nueva de sí misma.
¿Y tú? Cuéntame: ¿cuál fue tu primera cámara y qué historia guarda aún contigo? Te leo